¿Qué pasa cuando no paras? El estrés y sus fases

La respuesta de estrés es una respuesta muy útil y necesaria para las personas y una gran ayuda para solucionar situaciones de amenaza esporádica. Es tan importante que se trasmite evolutivamente mediante la genética. Por tanto, esta respuesta en sí misma no es nociva, sino adaptativa y es solamente cuando aparece de manera muy frecuente, intensa o duradera, produciendo un desgaste en los recursos y aparición de problemas (malestar físico o emocional, peor rendimiento, enfermedades…), cuando aparecen las llamadas patologías del estrés.

El problema es que en nuestra sociedad actual estas respuestas se ponen en marcha con una alta frecuencia y durante mucho tiempo, debido al cambio de las situaciones de amenaza, que hoy en día ya no son tanto físicas sino sociales o psicológicas. Es decir, ahora no está en peligro nuestra vida físicamente, pero si aspectos otros aspectos de la misma. La respuesta de estrés mantenida en el tiempo, conduce a un desgaste excesivo de recursos orgánicos y a la aparición de problemas asociados al estrés.

CUÁLES SON LAS FASES DEL ESTRÉS

1. Fase de alarma o huida. La primera fase se caracteriza por una serie de cambios fisiológicos y bioquímicos en el cuerpo para producir el máximo de energía para escapar. Se pone en marcha el eje hormonal hipotálamo-hipófisis-suprarrenal: aumenta el nivel de adrenalina, la glucosa en sangre, la presión sanguínea, los latidos del corazón. También se cierra el sistema digestivo y se produce una mayor tensión muscular.

Todas estas respuestas son normales y necesarias para que la persona tenga energía suficiente para salir corriendo y huir del enemigo y de la situación de peligro.

2. Fase de adaptación o resistencia. La segunda fase se produce cuando se mantiene la situación de estrés y se acumulan en el cuerpo las sustancias químicas producidas en la primera fase.

La consecuencia de esta bomba química es el mantenimiento de la situación de alerta sin que se produzca relajación. El organismo intenta recuperar la normalidad y se produce una nueva respuesta fisiológica para mantener el equilibrio con las hormonas y sustancias que se han liberado en la sangre.

La adrenalina mantiene la situación de alerta permanente.

3. Fase de agotamiento. La tercera fase es de agotamiento, y se produce cuando el estrés se convierte en crónico y se mantiene durante un tiempo. Se produce debilidad, bajada de las defensas, disminución de la resistencia física…

La sensación es de estar superado, se descansa mal, se vive con prisas y sensación de angustia permanente, depresión, desánimo y deseo de huida a cualquier parte para alejarse de la situación, disminución de memoria y de orientación espacial.

SOBRE LAS AUTORAS

Inés Santos es psicóloga, máster en Psicología Clínica basada en la evidencia y titulada en «Terapia de Conducta Infanto-Juvenil» y «Orientación y atención en crisis». Actualmente se está especializando en Terapia Familiar Sistémica. Además de trabajar en el equipo de «En equilibrio mental», es supervisora en el Servicio de Atención Psicológica Telemática PsiCall de la UCM, forma a alumnos del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la UCM. Autora de la «Guía contra el discurso de odio y radicalización». Actualmente realiza el programa de doctorado en Trastornos Depresivos.

Silvia González es psicóloga, máster en Psicología Clínica y de la Salud y Máster de Psicología General Sanitaria. Además de formar parte del equipo de «En equilibrio mental» ha trabajado en la Clínica Universitaria de Psicología de la UCM en la que también ha sido tutora de los alumnos del Máster Universitario en Psicología General Santitaria. En el ámbito de la docencia ha impartido en numerosas instituciones talleres divulgativos como «Taller de comprensión y regulación Emocional», «Taller de mejora de las habilidades para hablar en público» o «Taller de Ansiedad ante los exámenes».